domingo, 3 de abril de 2011

¿CÓMO ACTUAR CON MI HIJA PREADOLESCENTE? ¿EN QUÉ CONSISTE EL MOVIMIENTO “SLOW” EN LA EDUCACIÓN?

¿CÓMO ACTUAR CON MI HIJA PREADOLESCENTE?
Se puede observar, y así lo avalan algunos estudios, que se ha adelantado la adolescencia. Por eso, a partir de los once años, empiezan a ser habituales conductas propias de los adolescentes, primero en las niñas y poco después en los niños. Entre ellas destaca un afán consumista, centrado sobre todo en el vestir.
Al tener comportamientos diferentes, y a veces inadecuados, los padres suelen estar un poco desconcertados. Probablemente recriminen a sus hijos o les castiguen y, como resultado de ello, los chicos se perciban incomprendidos. Este sentimiento de incomprensión, junto a la necesidad de independencia, suele servir para distanciarse de los padres y volcarse más en los amigos y amigas.
En esta etapa de desarrollo de la vida de los chicos, en la que empiezan a dejar de ser niños pero aún no son “adultos”, los padres precisan estar especialmente hábiles. Lo mejor es que aprendan a no tomarse algunos comportamientos de sus hijos como algo personal contra ellos, sino como parte de su proceso evolutivo.
Quizá se cansen de las “peleas” con sus hijos, sin embargo, necesitan tener paciencia, pues no es un momento para abandonar ni para dejar de educar como lo venían haciendo. Las normas y los límites son necesarias, si bien, precisarán hacer algunas modificaciones para acomodarse a la nueva situación. El diálogo, la comunicación, el respeto y los pactos estarán continuamente presentes, ya que resulta fundamental que los chicos sientan a sus progenitores como aliados y no como “enemigos”.
El padre y la madre continúan siendo unos referentes importantes para los chicos, pues siguen necesitando su amor incondicional, junto a su apoyo y orientación. Por tanto, los padres procurarán hacer con ellos lo que sirva para ayudarles: mostrarles el cariño, dejar la queja, considerarles responsables y capaces, respetarles en su evolución, felicitarles los avances, escucharles con el corazón y sin emitir juicios, vivirlos valiosos como personas aunque tengan conductas a modificar…
Irá bien que los padres compartan con sus hijos tiempos para hacer alguna actividad de interés común: jugar al ajedrez, ver un programa de televisión o comentar sus experiencias de cuando tenían una edad parecida. Y, si hay más de un hijo o hija, convendrá que les dediquen ratos específicos a cada uno de ellos.


Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es
¿EN QUÉ CONSISTE EL MOVIMIENTO “SLOW” EN LA EDUCACIÓN?

El movimiento “slow” apareció como respuesta alternativa a la comida rápida. Posteriormente esa filosofía fue extendiéndose a los modelos de vivienda y de ciudad y, recientemente, ha llegado a la educación.
 En esencia esta corriente cultural propugna: huir de las prisas, utilizar las nuevas tecnologías para ganar tiempo para el desarrollo personal y gestionar de forma diferente el tiempo, sin ser víctimas del mismo. También destaca por la defensa del medio ambiente, por el uso de las energías renovables y por una alimentación basada en los productos ecológicos y de temporada.
Algunos padres y madres piensan que cuanto antes empiecen los niños una actividad, más aprenderán y que si hacen muchas actividades, aprenderán mucho más. La estimulación temprana puede ser útil para trabajar determinados aspectos pero, si se fuerzan los procesos naturales de aprendizaje, resulta contraproducente. Por ejemplo, cuando se pretende que los niños aprendan a leer sin tener la madurez suficiente.
Por otra parte, los programas escolares están excesivamente cargados pues, para el mismo tiempo lectivo, a las asignaturas tradicionales se han ido sumando otras, como: las nuevas tecnologías, el segundo y el tercer idioma, la educación para la ciudadanía, la religión islámica y la evangelista…Sin olvidarnos de los “deberes escolares” ni de las actividades extraescolares.
Ante esta panorámica se vuelve la mirada hacia Finlandia, país en el que el alumnado obtiene buenos resultados académicos, pero empezando la escolarización a los siete años y teniendo menos deberes y menos horas de clase que en los centros españoles.
El movimiento por una educación lenta aboga por dejar creencias, como: “Cuanto antes y cuanto más, mejor”, ya que se corre el riesgo de llevar a los niños hacia la hiperactividad y la ansiedad.
Conviene que los padres distingan entre sus expectativas e intereses y las necesidades de los chicos. Éstos no precisan tener una continua planificación de actividades, bien para que estén siempre ocupados o para que adquieran más y más conocimientos.
Los niños requieren tiempos y espacios para jugar de forma espontánea e ir descubriendo el mundo a su ritmo. A la vez se les motivará para que abran las puertas de la creatividad, de la reflexión, de la paciencia y para que disfruten cada momento.

Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es