miércoles, 26 de enero de 2011

¿SE EDUCA EN EL RESPETO A LA MULTICULTURALIDAD?


En la actualidad hay muchos chicos y chicas que conviven con compañeros de culturas y de procedencias variadas. Se puede observar que, cuando dicha convivencia empieza en Educación Infantil, los niños viven con naturalidad esa situación y no se presentan problemas por el hecho de haber nacido en otro país o por tener otro color de piel. También ayuda que desde los centros escolares se haga especial hincapié en el respeto y en la tolerancia, como pilares básicos para la convivencia.
Las personas solemos considerar nuestra cultura como la mejor y, aunque critiquemos algunos aspectos de la misma, la defendemos si alguien de fuera la cuestiona. Tenemos la mente dualizada, entrenada en ver más lo negativo y en no aceptar las diferencias, ya que se toman como base creencias como: “O estás conmigo o estás contra mí” o “No hay suficiente para todos”. Todo ello lleva a un registro interno de escasez, lo cual supone que la discriminación y la exclusión pueden darse con relativa facilidad, ya que no nos caben todas las personas, ni sus formas de entender la vida, ni en la cabeza ni en el corazón.
(Muchas veces la discriminación de colectivos o de personas no viene por tener una cultura diferente, sino por tener pocos recursos económicos).
El respeto a la diversidad comienza a entenderse y a ejercitarse dentro de la propia familia, ya que suelen darse diferencias evidentes, muchas veces entre los propios hermanos.
El papel que jueguen los padres, tanto en el tratamiento de las diferencias entre los miembros de la propia familia, como ante los comentarios que hagan a sus hijos sobre sus compañeros “diferentes”, va a resultar determinante. Vivir al otro como riqueza y aceptar que hay formas variadas de resolver los problemas y de establecer las relaciones, se constituyen en valores importantes.
A veces son los prejuicios los que llevan a la intolerancia y a la discriminación, por eso es importante conocer al otro.
 Hoy resulta fácil relacionarse con personas de otras culturas y conocer sus comidas, sus costumbres o sus manifestaciones artísticas. También puede hacerse visitando exposiciones, yendo a conciertos o leyendo o escuchando sus cuentos y su historia. Y, si hay ocasión, se pueden visitar otros países, pues viajar se constituye en una buena escuela para la tolerancia.

Pepe López Sánchez, profesor del C.P. José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

¿LES AYUDAMOS A LOS HIJOS E HIJAS A SENTIRSE CAPACES Y VALIOSOS?


Bastantes niños y niñas viven experiencias, que sin ser necesariamente traumáticas, pueden dejarles huellas importantes en alguna parcela de su personalidad.  Me refiero a las consecuencias de algunos mensajes que los padres o los profesores dirigen a los niños, bastantes de los cuales, aunque estén orientados a estimularles o intenten corregir algunas conductas, pueden tener resultados diferentes a los esperados.  
La tarea de educar resulta compleja y no ofrece garantías plenas de que educando de una manera específica habrá un resultado concreto. La realidad nos muestra lo difícil que resulta a veces que un niño asuma determinadas actitudes y comportamientos y, por el contrario, en otros casos un simple comentario puede resultar suficiente para que le quede grabado como programa de vida.
En educación sólo podemos hablar de probabilidades. Se sabe que incidiendo en una dirección determinada aumentan las posibilidades de que se produzcan los efectos esperados. Por tanto, los mensajes que los padres y el profesorado dirijan a los niños necesitan estar impregnados de confianza en ellos, de sentirlos con capacidad para solucionar sus problemas y para mejorar personalmente.
 Los mensajes positivos sirven para que los niños descubran habilidades que están dormidas o para reforzar otras de las que ya tenían consciencia. Sin embargo, cuando contienen crítica o infravaloración, los niños quizá incorporen cualidades como la inutilidad o la minusvalía en alguna faceta, como si fuera una de sus señas de identidad (desordenado, vago,…). También cuando los padres no permiten que los niños hagan sus tareas y las hacen por ellos, ya que les están incapacitando con su sobreprotección.
Lo más importante para un niño es sentirse aceptado por los compañeros y que les llegue el amor de los padres de forma nítida. Si esto no se da así hará cualquier cosa para conseguir, cuando menos, la atención de los cercanos.
Si a los niños y a las niñas se les da participación, se les permite que se responsabilicen de sus tareas y resuelvan sus problemas, si se les quiere de manera incondicional y se les vive valiosos y capaces, ellos se sentirán que tienen límites, y también se sentirán con poder interno, con seguridad y con confianza en sí mismos y podrán tener una autoestima ajustada.  

Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

miércoles, 19 de enero de 2011

MÁS DE NUESTROS ESQUIADORES 2

Parece ser que hoy nuestros aguerridos esquiadores/as han pasado algo más de frío y han tenido más niebla, de todas formas auque hay algún pequeño percance parece que salen airosos. Eso sí el cansancio va haciéndose notar.




martes, 18 de enero de 2011

MÁS DE NUESTROS ESQUIADORES

Os colgamos las fotos que hemos recibido en el día de hoy. Parece que todo les va de maravilla

Un saludo



¿ENSEÑAN LOS PADRES A SOLUCIONAR LOS PROBLEMAS A SUS HIJOS?


A la hora de orientar la solución de los problemas de los hijos, generalmente los padres y las madres inciden más en la parte teórica de los mismos que en la parte práctica.
¿De qué sirve que el padre repita a su hijo que no le deje las pinturas a un compañero de clase, porque no se las devuelve, si cuando se las pide no se atreve a decirle que no? Tampoco le sirve de ayuda a un chico si sus padres le indican que si otro chico le pega, que se defienda pegando, cuando las normas del colegio dicen lo contrario y, además, si lo hace puede estar incurriendo en una falta grave.
Para orientar la solución de dichos problemas se requiere analizarlos, tomando en consideración el contexto en el que se dan y las emociones que subyacen. Seguidamente se estudiarán las posibles soluciones, las cuales estará bien ensayar para cada caso.
En otras ocasiones los padres necesitan asegurarse de que los chicos han entendido bien lo que les piden. Si les dicen que ordenen su habitación o que frieguen la cocina, previamente les ha tenido que explicar en qué consiste “ordenar” y “fregar”, pues puede que los padres tengan una forma distinta de hacerlas a la de los hijos, ( y que en algunos casos estará bien respetar).
A veces se resuelven algunos incidentes dando a los chicos una nueva oportunidad de repetir una acción, pero ahora haciéndolo de manera adecuada: no gritando, recogiendo algo que ha tirado o haciendo una tarea olvidada.
Otro tipo de problemas, como la ropa que se ponen los niños o el horario para hacer las tareas del colegio, pueden solventarse permitiéndoles participar y elegir. A veces son los propios padres los que crean los conflictos por no mostrar un poco de tolerancia y de flexibilidad. ¿Qué dificultad hay que los niños elijan la ropa que se ponen (entre las opciones que los padres consideren adecuadas), o que empiecen las tareas del colegio media hora antes o después?
El pacto entre los padres y los hijos suele ser una de las mejores formas de  evitar sufrimientos y de solucionar problemas. Los niños tienen su propio criterio sobre las cosas, el cual necesitan expresar, y también sentirse tenidos en cuenta. Cuando se cuenta con ellos y se sienten respetados, muestran una actitud mucho más colaboradora que cuando se les intenta imponer lo que han de hacer.


Pepe López Sánchez, profesor del CP José A. Labordeta y miembro del MRP Aula Libre. jlopezsanc@educa.aragon.es

¿CÓMO APRENDEN A SENTIR LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS?


Los niños y las niñas incorporan sus emociones de maneras diversas: por la herencia, de influencias externas, con las propias vivencias y con la educación.
     Cada persona recibe unas herencias: físicas, sociales..., y también emocionales. Estas herencias conllevan emociones de sufrimiento: miedos, angustia... Nuestros antepasados dedicaron la mayor parte de su energía en cubrir sus necesidades básicas y prestaron poca atención a las psicológicas. Por tanto, no disolvieron sus sufrimientos y los pasan a los nuevos seres.
     Desde el momento de la concepción y hasta los cinco años algunos estados emocionales de la madre o de personas cercanas pueden pasar al niño. También puede impregnarse de las emociones de ambientes concretos y de otras que surgen de sus propias vivencias. Además, si algunas emociones no se viven de manera adecuada se pudren dentro y se transforman. Por ejemplo, el amor se convierte en celos, envidia...
     Cada grupo humano educa a los niños en sus formas específicas de sentir, desde la óptica de que lo importante es el grupo y no lo que siente cada persona. (Importa mucho el qué dirán o qué pensarán). Si un niño tiene una emoción que no coincide con el sentir socialmente aceptado, se intentará tapar la suya con la del grupo: “No estés triste que son las fiestas”.
     En el proceso para la educación emocional suelen darse varios pasos. Primero, no aceptamos al niño en una vivencia emocional y se lo decimos: “Yo a los niños que se enfadan no los quiero’; después se puede pasar al rechazo: “Vete a tu habitación’; y luego a la amenaza: “Cómo sigas dando gritos te la vas a cargar” e incluso se puede terminar en violencia: “Toma, para que grites con razón’.
     Igualmente se les enseñan las formas concretas de cómo sentir y cuándo sentir una u otra emoción: “No llores”, “Si te pegan, pégales’ o “Fiestas, ¡qué alegría!. Además les preparamos en qué sentir con cada persona o con el grupo: amor a la familia o rechazo a los de otras culturas. Por último, los niños aprenden a manejar las emociones para lograr algún tipo de beneficio: enfadarse para que otros tengan miedo y hagan lo que él desea, o ir de bueno para que le quieran.
     Al final del proceso educativo los niños tienen ya un programa emocional, que se manifiesta en conducta y se justifica de manera racional, sin tomar en cuenta las emociones que subyacen.

Pepe López Sánchez, Profesor del CP José A. Labordeta y
miembro del M.RP “Aula Libre”. jlopezsanc@educa.aragon.es

VIVA EL ESQUÍ

Os dejamos unas fotos que acabamos de recibir de nuestros esquiadores favoritos.
¿Son majos verdad?. Para nosotros los mejores.



jueves, 13 de enero de 2011